Sí, he dejado de ser un humano,
ahora soy una máquina, un cajero automático, hace un tiempo que ya no recuerdo
dejé de respirar, de tener células, de tener un metabolismo, de hacer síntesis
de moléculas, sinapsis, apoptósis, etc. Ahora estoy hecho de metal y plástico,
tengo botones en vez de piel, billetes y un mecanismo complejo para entregarlos
en vez de órganos. Es irónico como el estudiar algo tan relacionado con la
vida, con los procesos humanos, me ha convertido en cualquier cosa menos un
humano. Solía ser un humano con ambición, ahora soy un cajero con ambición.
Pero hay momentos en que vuelvo a sentir circulación, por instantes siento ojos,
nariz y boca, sólo necesito un “llegó papá” y empiezo a respirar de nuevo,
siento que se activan todos mis sistemas de células, siento, sólo siento, lo
que siente un humano. Verlo no me convierte solo en humano, sino en un super
humano, la fuerza que tenía se me incrementa 10 veces, los reflejos y mis
sentidos se vuelven más agudos, mi creatividad empieza a volar más allá del infinito.
Ojalá pudiera estar todo el tiempo con él, para sentirme más humano. Pero el
resto del tiempo, vuelvo a ser un cajero automático, un proveedor, al que se le
habla cordialmente o no se le habla por completo, a menos que se requiera de
sus servicios de cajero. A veces soy profesor, a veces soy técnico o todero,
sin embargo, soy un profesor, técnico, todero robot. Igual que un cajero
automático, al que se le oprimen unos botones para darle una orden, una
instrucción, la cual como robot obediente y bien programado debo seguir al pie
de la letra.
En ocasiones, no muchas, vuelvo a ser un humano, pero sin alma,
así que la busco, y la busco, una orden interna en mi programación me dice
dónde encontrarla, una guitarra, un acorde, un ritmo, un vocalista, un bajo, un
redoblante, poco a poco empiezan a construir en mí un alma, y a destruir el
sistema mecanizado de partes robóticas, otras veces, la busco en otra parte, me
encuentro con un hermano, un sistema parecido a mí, con botones, y una
pantalla, pero es diferente, no es un cajero, no me da dinero, me da emociones,
y las emociones son algo de los humanos, ellos lo llaman videojuegos, yo lo
llamo escape, porque cuando estoy con ellos, me escapo de mi vida robótica,
irónicamente son como robots, hacen lo que yo les diga, tienen una
programación, pero alguien, un humano o varios, están detrás de esa
programación, así que eso le da un aspecto casi humano, porque las emociones y
sentimientos que logran transmitir, son de humanos.
Pero el tiempo y la programación
de mi chip, no me permite ser humano, es sólo una ilusión, a la final, sigo
siendo un cajero automático, es mi esencia, es en lo que me he convertido hasta
el final de mis días, es mi función principal, porque al final todo lo que me
hace sentir humano se irá, en las noches seguiré siendo un cajero, me duermo
como cajero y me despierto como cajero, sólo, me desconectan de la pared,
cuando ya no me necesitan, y me reconectan al día siguiente para seguir en mi
labor.
A veces recuerdo lo que era ser
un humano, a veces pienso que quizás no debí ser tan ambicioso, porque esa
ambición me convirtió en lo que soy, pero a pesar de eso no desaparece, soy un
cajero sencillo, que entrega pesos, pero quiero ser un cajero, que produzca
dólares y euros, porque si es mi destino ser un cajero, debo ser el mejor, debo
poder cumplir las más excéntricas necesidades, debo ser capaz de aumentar mi
capacidad de dar dinero, cada día más, seré el mejor cajero automático que necesiten mis clientes.
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