martes, 23 de abril de 2019

Soy un cajero automático.


Sí, he dejado de ser un humano, ahora soy una máquina, un cajero automático, hace un tiempo que ya no recuerdo dejé de respirar, de tener células, de tener un metabolismo, de hacer síntesis de moléculas, sinapsis, apoptósis, etc. Ahora estoy hecho de metal y plástico, tengo botones en vez de piel, billetes y un mecanismo complejo para entregarlos en vez de órganos. Es irónico como el estudiar algo tan relacionado con la vida, con los procesos humanos, me ha convertido en cualquier cosa menos un humano. Solía ser un humano con ambición, ahora soy un cajero con ambición. Pero hay momentos en que vuelvo a sentir circulación, por instantes siento ojos, nariz y boca, sólo necesito un “llegó papá” y empiezo a respirar de nuevo, siento que se activan todos mis sistemas de células, siento, sólo siento, lo que siente un humano. Verlo no me convierte solo en humano, sino en un super humano, la fuerza que tenía se me incrementa 10 veces, los reflejos y mis sentidos se vuelven más agudos, mi creatividad empieza a volar más allá del infinito.

Ojalá pudiera estar todo el tiempo con él, para sentirme más humano. Pero el resto del tiempo, vuelvo a ser un cajero automático, un proveedor, al que se le habla cordialmente o no se le habla por completo, a menos que se requiera de sus servicios de cajero. A veces soy profesor, a veces soy técnico o todero, sin embargo, soy un profesor, técnico, todero robot. Igual que un cajero automático, al que se le oprimen unos botones para darle una orden, una instrucción, la cual como robot obediente y bien programado debo seguir al pie de la letra.

En ocasiones, no muchas, vuelvo a ser un humano, pero sin alma, así que la busco, y la busco, una orden interna en mi programación me dice dónde encontrarla, una guitarra, un acorde, un ritmo, un vocalista, un bajo, un redoblante, poco a poco empiezan a construir en mí un alma, y a destruir el sistema mecanizado de partes robóticas, otras veces, la busco en otra parte, me encuentro con un hermano, un sistema parecido a mí, con botones, y una pantalla, pero es diferente, no es un cajero, no me da dinero, me da emociones, y las emociones son algo de los humanos, ellos lo llaman videojuegos, yo lo llamo escape, porque cuando estoy con ellos, me escapo de mi vida robótica, irónicamente son como robots, hacen lo que yo les diga, tienen una programación, pero alguien, un humano o varios, están detrás de esa programación, así que eso le da un aspecto casi humano, porque las emociones y sentimientos que logran transmitir, son de humanos.

Pero el tiempo y la programación de mi chip, no me permite ser humano, es sólo una ilusión, a la final, sigo siendo un cajero automático, es mi esencia, es en lo que me he convertido hasta el final de mis días, es mi función principal, porque al final todo lo que me hace sentir humano se irá, en las noches seguiré siendo un cajero, me duermo como cajero y me despierto como cajero, sólo, me desconectan de la pared, cuando ya no me necesitan, y me reconectan al día siguiente para seguir en mi labor.

A veces recuerdo lo que era ser un humano, a veces pienso que quizás no debí ser tan ambicioso, porque esa ambición me convirtió en lo que soy, pero a pesar de eso no desaparece, soy un cajero sencillo, que entrega pesos, pero quiero ser un cajero, que produzca dólares y euros, porque si es mi destino ser un cajero, debo ser el mejor, debo poder cumplir las más excéntricas necesidades, debo ser capaz de aumentar mi capacidad de dar dinero, cada día más, seré el mejor cajero automático que necesiten mis clientes.

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